hiking-1312226_1920Soy un buscador, no puedo evitarlo. Ando por los desiertos de la vida consciente de los terrenos en que me muevo. El sol es tan cruel, que no hay jornada en la que no me aseche la fatiga, y la noche es tan abrumadora, que a veces voy a tientas sorteando esos obstáculos que se me aparecen de repente. Ponzoñosos animales me vigilan a diario y hacen planes de cacería que Dios frustra por su fidelidad. La soledad es frecuente, aunque no quiera.

Ando de Quijote para algunos, de caballero andante en este destierro, pero yo me entiendo y me sé viajero cuerdo en este mundo enfermo. Maravillado de poder andar hacia lo eterno, viajo expectante, a tiempo y a destiempo. Las dunas de arena parecen elevarse con cada paso que doy: son espejismos de algún mercachifle del infierno. Pero yo sigo, porque no tengo permiso para rendirme, no quiero y no puedo.

Las tormentas hieren mi pecho descubierto, pero yo sonrío desafiando el dolor, tengo contentamiento. ¿Qué importa el sufrir con tal de alcanzar el cielo? ¿Qué más da mil desiertos, si al final he de abrazar a mi Maestro?

Entre tanto llego a mi eternal hogar, a pesar del calor y la bruma, alzo mis ojos en busca de oasis ciertos. Fuentes de aguas preparadas por Dios para sus viajeros. Lugares donde olvido por unos momentos el duro trayecto. Adelantos de lo que será por siempre mi vida después de la vida. Encuentro esos sitios en los más duros momentos. El Paracleto fiel me guía hacia ellos en el tiempo perfecto. Me habla él, o usa a otros caminantes tiernos. Así que descalzo mis botas en la seguridad de ese remanso divino, lavo mi cara y me mojo el pelo mientras intercambio guiños y ademanes fraternos con otros viajeros. Abrevo y descanso, pero solo unos momentos. Hay que seguir el camino, no queda mucho tiempo.

He ido cartografiando esos oasis por si pudiera ayudar a otros. He ido tomando notas de estos caminos aventureros por si puede hacerle más fácil el paso a mis compañeros. Así que aquí dejo mis apuntes, que en ninguna manera son apuntes de un experto. Solo soy otro buscador de oasis, como tú.

De oasis en oasis voy, como el colibrí que liba esta y aquella flor hasta llegar a su nido. Así que quizás nos tropecemos por ahí, en alguna duna distante, o en algún oasis formidable, o por qué no, en este blog.

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