Por: Osmany Cruz Ferrer.

Nadie dijo que fuera fácil, la cruz suele ser pesada y llevarla exige coraje. No hay lugar para pusilánimes, este viaje es todo angosto, con obstáculos desconocidos y pavorosas encrucijadas. Las montañas a escalar son imponentes, de laderas escarpadas y sinuosos parajes. El sol pega fuerte, la noche es helada. Merodean enemigos implacables, ladrones de felicidades, y buhoneros de vanidades.

Nadie dijo que fuera fácil, el destino está un poco después del horizonte, por ello nuestra andadura es admirable, nuestro paso firme y constante. Nos tildan de ilusos, de quiméricos viajantes, de soñadores necios. Pero en nuestro interior arden promesas de Dios que nos conducen triunfantes, que aligeran el paso, y suavizan a los guijarros cortantes.

Nadie dijo que fuera fácil, tarea de gigantes Dios ha dado a pequeños mortales, cosas asombrosas que anhelan mirar los ángeles. Aun contra todas las probabilidades seguimos adelante. No apuestan por nosotros, pero llegaremos ilesos y exultantes. El alma salvada es vigorosa, pujante, y no entiende de vallas coloridas o de trampas de zanahorias. Sigue y sigue, hasta la meta, anhelante.

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